lunes, 6 de diciembre de 2010

La vida en las alturas





Qué diría Jesús si viviera en esta sociedad tan despelotada. Antiguamente, en la época del "pulento" la gente no se hacía problemas. Vivía "piolita" en sus rucas, en sus carpas, en sus aposentos rurales. Todo bien.

Sin embargo, y a medida que pasa el tiempo, cada vez se nos hace más difícil escoger un buen lugar para llevar a cabo nuestra vida. Ya no sólo las casas están dentro de las miles de opciones que maneja el hombre para vivir. Hoy están además en todas sus formas: pareadas, en condominios, pasajes o simplemente en amplias avenidas y calles. Por si fuera poco, últimamente se ha hecho inminente el fenómeno del departamento.

Tras el terremoto del 27 de febrero, el auge de los departamentos se extinguió de manera inapelable, y provocó que muchos comenzaran a dudar sobre si la vida en departamentos es tan segura como se presumía. Por otra parte, menudo sismo sirvió para que otros se dieran cuenta de la seguridad que era capaz de brindar un departamente, sobre todo en altura, era inmejorable.

Más allá del factor "seguridad", la vida en edificios implica mucho más que lidiar con la altura. Esta vida implica relación social, convivencia y empatía, características propias de una sociedad civilizada. Es por eso que la vida en departamentos, sobre todo en una ciudad de poco interés por el prójimo como Santiago, comienza a ser un ejercicio vital para una convivencia sana y extendida.

Ahora, justamente en una ciudad como Santiago, la proliferación de edificios en determinados sectores de la cápital, se vio incrementada repentinamente. Ñuñoa, por ejemplo, no da cabida para casas y moradas de antaño. Muy por el contrario, la ciudad actualmente crece hacia los cielos.
La situación ya está. Cada vez es más común ver cómo la gente compra u arrienda estas nuevas moradas en altura. ¿Será la solución? ¿Será ésta, la forma de descongestionar la ciudad y optimizar los espacios? Es probable, mas no seguro.

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