Señora, señor, joven o jovencita: hágame el favor de salir de su casa, caminar dos cuadras hacia el norte, dos hacia el sur, dos hacia el este y dos hacia el oeste. Podría apostar que tan simple ejercicio lo hará percatarse del sintoma del chileno que, casi por antonomasia, se insertó de pleno en nuestra cultura.
Es que el chileno, per se, es un tipo hecho para rayar la cancha, para delimitar sus propios espacios y hacerle saber al mundo completo que "esto, aquello y lo otro, me pertenece". Asimismo, bajo una característica típica del chileno, suele hacerlo mediante un punto de vista antiestético, casi al borde de la vulgaridad heredada de quién sabe dónde.
¿Se ha fijado como está decorada esta ciudad?, tal como cuenta el arquitecto nacional, Federico Sánchez, quien menciona: "para mí, todo está en la superficie. La esencia de las cosas no es un cuesco oculto. Sino que está en la superficie completa. La historia del diseño es la historia de la superficie con potencial comunicante". Es por eso que, basta con dar una vuelta a la manzana, para darnos cuenta de que nuestra falsa esencia está plasmada en la ciudad; en esta ciudad con una carencia estética y un choque arquitectónico abismante, que nosotros mismos nos hemos encargado de generar.
Es absolutamente típico de nuestra sociedad, el querer imitar otras culturas. Sim embargo, es también típico del chileno, que cada vez que se busca una inspiración o un patrón a seguir, el resultado es el mismo: la creación de una rata de laboratorio, con características casi mutantes. En definitiva, el chileno se cree dueño de todo. La papa y el pisco son, entre miles de ejemplos más, a lo que me refiero.
Los primeros indicios del grafiti se remontan a la antigua Europa (precisamente en Roma), con la finalidad de reflejar sentimientos y emociones. Quién iba a imaginar que semejante cultura iba a llegar a nuestras manos -por desgracia-. Como era de esperarse, la utilización del grafitti en Chile es notable, nos pegamos un salto del sentimentalismo al garabato y las partes pudendas en un abrir y cerrar de ojos. Creo que la foto de más arriba, dice más que mil palabras. Intoxicar la ciudad parece ser la premisa.